
Algunos grupos, unos poderosos económicamente y otros que usan influencias, se han esmerado durante los últimos años en encasillar a los usuarios de internet como simples criminales, donde el descargar contenido protegido con derechos de autor es casi un robo parecido al cometer un crimen en la vida real. Parece insólito, pero siempre hay alguna explicación a lo que ellos llaman algo injusto y que los "daña" de alguna manera.
Las grandes compañías disqueras del mundo pierden año a año millones de dólares por la famosa "piratería", y como algunos logran ser bastante influyentes, logran que a veces los gobiernos inventen leyes en favor de ellos, y en perjuicio de los usuarios y la ciudadanía en general, y un claro ejemplo de esto es lo que sucede en España, donde se le aplica un canon a los dispositivos de almacenamiento como CD's, DVD's, reproductores de MP3, entre otros. Muchas veces el tipo de impuesto es más alto que el producto mismo, algo bastante aberrante.
Estados Unidos no se salva tampoco. Quizás no en materia legislativa, pero la RIAA lleva una verdadera caza de brujas en contra de los usuarios de internet (ya lo vimos en un artículo anterior).
¿Pero cómo está la tendencia en Chile?
Bueno, con este acuerdo secreto entre el Gobierno y la Sociedad Chilena de Derechos de Autor (SCD), las cosas no se ven muy claras que digamos. El sólo hecho de tratar de imponer verdaderos tributos y prohibicionespor causas inentendibles y los intereses de sólo algunos es algo bstante curioso, sobretodo en un país en democracia.
Inconprensible también porque sería Chile el único país en meterse en estos asuntos, siendo que, por ejemplo, el gobierno mismo está tratando de impulsar la baja en los precios de las conexiones a internet para hacerlas más accesibles a las personas de menores recursos, causando el efecto más inmediato: que las operadoras traspasen aquél costo que la SCD está cobrando por cada conexión que tengan las compañías al usuario final. Algo totalmente incompatible con las ganas de "democratizar internet".
Incomprensible también es que ni un fin tan básico como el educacional se salve de las garras de un grupo de interesados en preservar sus obras (claro que habría que investigar qué tipo de interés). Si las Universidades no tienen las copias suficientes de textos para los alumnos, entonces inevitabemente se corre con la opción de la fotocopia, cosa que la SCD y el gobierno acordaron prohibir. Algo bastante inútil a mi parecer, ya que en todas las Universidades, Colegios, Institutos y Centros de Formación Técnica existe a lo menos un equipo de fotocopias. Incluso hasta en el típico bazar de barrio.
Entonces, ¿qué se pretende cuando se quieren proteger las obras de los autores, si todo se remite a la prohibición y al cobro de tributos o canones?
Claro, al menos eso es lo que uno podría pensar. Pero el tema de la protección de las obras va más allá, porque esto no se trata de dinero. El cheque a fin de mes de cada artista corresponde a su esfuerzo por distribuir su música en conciertos, por concepto de ventas (donde claro, el precio influye y la piratería también) y por la misma calidad de las obras que crean, y no por imponer prohibiciones y cobros que no corresponden con el trabajo que hace el artista. Para nada.
Si quieren preservar las obras, no dejar de vivir de la música y otras artes, entonces busquen otra manera de seguir generando dinero. Estamos claros que el mercado chileno no es el mercado europeo, ni el de EE.UU. ni el de Japón o la India, donde los artistas venden y pueden vivir más que holgadamente de su "profesión", pero no es algo que en Chile no se pueda imitar. Es más, con ingenio se resuelven los problemas, se crean nuevas estrategias de marketing, se crean redes de distribución y se logra lo que un artista quiere: ser escuchado, descargado, visto o leído.
Por último hay que considerar que estamos a tiempo de frenar el acuerdo y de llevar a una nueva discusión el proyecto de ley sobre propiedad intelectual. A raíz de esto considero que es improbable que se apruebe un proyecto donde la ciudadanía puede expresar su malestar ante los legisladores, donde claramente se evidencia la búsqueda de un beneficio gremial por sobre el bien común, algo que nuestros representantes entenderán, si al final no son tercos y sordos.
Claramente, y respondiendo la pregunta del título, vamos en caminos distintos.
Me gustaría hablar más adelante de cómo se ha desenfocado esta lucha por la piratería; donde caimos todos al saco de los pecadores y pirateros, y el comerciente que vende DVD's piratas sigue vendiendo, a costa de nosotros, y donde el impuesto al libro sigue siendo un impedimento para fomentar los hábitos de lectura, y donde las grandes corporaciones miran sólo sus cuentas y al usuario como un potencial consumidor de canciones a US$0.99.
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Verdaderamente mal para nuestro gobierno. En realidad espero que esto no pase a mayores y no se concrete, ya que me parece ilogico.