Ya ha pasado un tiempo de ese incidente que recorrío el país en esa imagen tan característica que todos recordaremos.

Este incidente ha sido condenado por muchos, aprobado por otros tantos. Muchos condenan no sólo el hecho, sino a la misma joven de 14 años que le lanzó el jarro con agua a la Ministra Mónica Jimenez.
Esta vez no me voy a referir a eso, pese a que no apruebo lo que ella hizo (me reservo los motivos), haciendo el análisis hoy en una provechosa junta con Jaime Ceresa, mientras conversábamos me pareció buena idea abarcar un tema sensible, pero interesante.
Desde que Michelle Bachelet asumió como presidenta de la república, todos escuchamos de su boca que éste sería un gobierno más cercano a la ciudadanía, un gobierno ciudadano.
El gobierno en ciertas materias ha mostrado una total disposición para trabajar con actores sociales, y así generar decisiones, cosa a lo que se apunta. Algunos de estos, por ejemplo, son Un computador por niño, liberación digital, neutralidadsi entre otros. Curiosamente ligados al desarrollo tecnológico.
Ciertamente, los representantes de estos movimientos, que a su vez son actores sociales, son efectivamente recibidos por personalidades de gobierno, y han logrado entrar en ese mundo que parece muy lejano.
Pero es en los temas más sensibles donde se cierra toda puerta de participación.
Uno de los temas más emblemáticos es el Transantiago. ¿Se ha formado algún comité de ciudadanos dispuestos a generar conversaciones con el gobierno? Hasta el momento, no.
Y no es por la misma incapacidad de la ciudadanía que ocurre esto, sino que, y recordando las manifestaciones que alguna vez resultaron en que los mismos pasajeros se tomaran un bus en plena alameda, el gobierno nunca ha estado dispuesto a dialogar con la ciudadanía. Hay que considerar también que el sistema mismo fue diseñado entre cuatro paredes sin consulta previa, y fue implementado de la misma forma.
¿Qué pasó con eso? ¿Y qué pasa con otro tema como la educación?
La creación del consejo asesor fue un gran avance, claro, pero el proyecto de ley terminó siendo un tema controversial entre gobierno, oposición y los movimientos sociales (estudiantes secundario y universitarios, profesores, incluso otros gremios y movimientos que se sumaron a la causa).
El conflicto generado entre gobierno y oposición, así como también entre la misma coalición de gobierno, se transformó en un mero acuerdo político. Por un lado la administración actual se está jugando una imagen de gobernabilidad, imagen que puede deteriorarse si es que no logran aprobar el proyecto. Entre la misma concertación hubieron roces por el tema, junto con la oposición, quienes actuaron como verdaderos entorpecedores de posibles cambios al proyecto con tal de que se aprobara.
Gobierno y estudiantes, un tema delicado.
Personalmente no me gusta lo que está haciendo el movimiento estudiantil. Creo que el petitorio es un tanto lejano de lo que realmente se puede pedir, y lograr, pero (y acá viene lo importante), es que el gobierno no se ha abierto a absorver estas demandas colectivas, sean buenas o malas, simplemente hace oídos sordos a los llamados de diálogo de los estudiantes.
Lejos de calmarse los ánimos, el movimiento se recrudece y termina por dejar ver su peor lado: Los desórdenes y desmanes generalizados.
Ya no son 10 jóvenes los que tiran piedras; hoy son muchos más.
Entonces, ¿qué podemos evidenciar del acto que realizó María Música Sepúlveda?
Podemos evidenciar un cansancio y frustración de los movimientos sociales, quienes han visto en lo que hizo esta niña una representación de lo que resulta cuando el gobierno no es capaz de escuchar.
Sea bueno, sea malo, sea condenable o no , esto va a quedar para el recuerdo, esta niña ya trascendió entre sus pares y superiores, como un modelo de lo que se hace cuando se llegan a las últimas consecuencias.
Y el movimiento estudiantil, hoy por hoy, desapereció.







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